Psicología Infantil

Relato de un caso muy interesante.
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¿Quién pone los apellidos?... Jazmín es una niña de 7 años, que comenzó su tratamiento psicológico en el Hospital, formando parte de un grupo de niños de edades similares, que habían sido derivados con el mismo diagnóstico. La niña ocultaba su alopecía (pérdida del cabello), usando siempre un pañuelo o un sombrerito en su cabeza. Lo primero que surgió en el tratamiento fue un dibujo sobre Caperucita y el lobo. En esta versión del cuento, la niña se salva de ser comida por el lobo porque el leñador le avisó, lo que evidencia que ya existe un primer esbozo del sentido que ella puede darle al deseo del Otro. La lesión de órgano del fenómeno psicosomático muestra la fijación del goce, que en lugar de quedar separado del cuerpo, retorna en el cuerpo, en este cuerpo propio, que se experimenta como cuerpo ajeno. Esta particularidad del fenómeno, se evidencia a través de un dibujo de Jazmín de una nena y su mamá unidas por su cabello y donde la mamá tiene la mitad de su cabeza pelada. Justamente aquí, la alopecía no es de ella, sino del Otro. Otra lectura que puede hacerse de este dibujo, es que la niña ya desde el comienzo del tratamiento (este dibujo es de sus primeras producciones), hizo una pre-interpretación de lo que le pasaba a través de un dibujo que para ella significó un sin-sentido, pero donde es claro que comienza a tramitarse una direccionalidad al Otro. Este caso nos permitió asimismo, ubicar après-coup, las coordenadas de desencadenamiento de la alopecía. Efectivamente, en la primera entrevista con la madre de Jazmín, nos comenta que el padre de la niña se separó de ellas cuando Jazmín tenía 8 meses, pero aclara terminantemente que de “esto no va a hablar”. Jazmín va al jardín de infantes desde los 4 años, momento en el que comienza a preguntar por su papá. La madre agrega que su respuesta a esta pregunta, fue que el padre se había ido por problemas de los grandes. Notamos que esta madre se encuentra sin poder tramitar para sí la pérdida de su partenaire. La alopecía comenzó unos meses después. Podríamos pensar que la falta de significación que encontramos en la respuesta de la madre, obtura la pregunta y deja a la niña en un estado de perplejidad. Como consecuencia, esta perplejidad en la que cae ante la falta de sentido a su pregunta, provoca el surgimiento de la alopecía. ¿Es válido sostener que la imposibilidad de la madre en elaborar el duelo, provoque efectos en el cuerpo de la niña? Hasta aquí, las circunstancias que consideramos previas a la llegada de Jazmín al grupo. Es interesante mostrar ahora, algunas viñetas clínicas que nos permiten dar cuenta de la evolución de su tratamiento, que está íntimamente relacionada con diferentes versiones del padre que la niña pudo construir y que trajeron aparejada “la repoblación” de su alopecía. En este punto, es importante comentar que Jazmín desde el inicio del tratamiento, traía su cartuchera y en todos sus lápices tenía una etiqueta con su nombre completo. Sin embargo, ella no sabía su apellido, ya que esto la remitía directamente al padre. En una de las reuniones del grupo, una de las niñas comenta que fue su cumpleaños y que su papá no se acordó y no pasó a saludarla (sus padres están separados). “El no se acuerda de mí, ni de nadie”, nos dice. Otro de los niños agrega que su papá no se olvida de nada y Jazmín comenta “no sé”. La analista propone que digan cómo se llaman los papás, la primera en contestar es Jazmín diciendo nuevamente “no sé”. Es luego de que los compañeros comienzan a nombrarlos, que la niña finalmente lo recuerda. Esto nos permite pensar que ella pudo nombrar al padre, más allá del silencio de la madre. En otra de las reuniones, cuando un nuevo integrante del grupo marca la diferencia de los apellidos de él y su hermano mayor, aclarando que él tiene el apellido del padre y el hermano el de la madre, Jazmín se pregunta acerca de quién pone los apellidos, y es a través de las intervenciones de la analista que apuntan a que la niña descifre este enigma, que se da cuenta que el apellido de su mamá no es el mismo que tiene ella. En otra oportunidad, el tema tratado fue acerca del lugar donde duerme cada uno y con quién. Cuando le toca responder a Jazmín, dice: “en mi casa duermo con mi mamá en la misma pieza, en la misma casa vive mi abuela, mi abuelo. Nosotras cenamos con mi abuela, y mi otra abuela vive más abajo”. Como todos quedamos un tanto confundidos por su comentario, la intervención apuntó a tratar de ubicar el lugar de los integrantes de la familia. La niña dice que no se acuerda y agrega: “parece que en mi casa está todo mezclado”. En el encuentro posterior, Jazmín hace un dibujo en el que aparece una familia con una niña jugando con sus muñecas, la madre planchando y el padre cocinando, todos cumpliendo funciones domésticas y ocupando su lugar dentro de la escena familiar. En el proceso de su tratamiento, estas respuestas de Jazmín son la evidencia de los cambios de posición subjetiva, que acompañan las construcciones de las versiones del padre que se van esbozando. Es así, que consideramos que la repoblación de su alopecía que se produjo inmediatamente después de este momento, da cuenta de una modificación, donde algo comenzó a operar para producir la desaparición del fenómeno psicosomático. La madre nos cuenta que empezó a quitarse el pañuelo paulatinamente en la casa de una amiga, quien la animó a que se lo sacara definitivamente, diciéndole que sin él, ella estaba más linda. Lacan nos habla de la carencia paterna y al respecto comenta que el Edipo puede muy bien constituirse, incluso cuando el padre no está presente. En el caso que nos ocupa, consideramos que cuando la madre de Jazmín pudo comenzar a contar algo acerca del padre, dio lugar para que en su hija empezara a operar algo de la función paterna y pudiera finalmente dibujar al padre como un miembro del trío fundamental, teniendo su lugar en la familia. Existía una carencia que fue desapareciendo de a poco. Esta carencia en particular, se entiende no como la ausencia del padre desde los ocho meses, sino vehiculizada hasta ese momento por el silencio de la madre. A raíz de esto, decidimos citar a la madre y le comentamos el interés de Jazmín en su padre y buscamos conocer la historia de la que terminantemente no iba a hablar. Con sorpresa, escuchamos una historia de amor y notamos que la madre al contarla, puede comenzar a elaborar el duelo en el que estuvo fijada, desde que su hija tenía 8 meses. Le sugerimos que le cuente esta historia a Jazmín, ya que para la niña sería importante saber que su nacimiento fue el resultado del amor entre sus padres. Advertimos un cambio de posición de la madre con respecto a la falta, que consideramos es el resultado de las sucesivas entrevistas que tuvieron lugar, paralelamente al tratamiento de Jazmín durante estos dos años. La madre agrega que en la medida en que ella sale del aislamiento, su hija también puede hacerlo. Si el proceso continuara de esta manera, donde el cambio de posición subjetiva de Jazmín fuera acompañado por el cambio de su madre, seguramente podríamos vislumbrar una salida simbólica, que le permitirá a futuro, convertirse ella misma en un objeto de deseo para otro. Silvia R. Gvirtzman – Lic. en Psicología U.B.A. 4822-2408/15-4446-1119 – E-mail: silg@arnet.com.ar

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