Rosa N* 2 "Espacio"
Las rosas son un sistema de curación que trabaja en el corazón como un centro alquímico. Dan un toque que lo activa y abre las funciones necesarias para estar centrados en un amplio sistema de intercambio.
Producen una apertura en el corazón para realizar el proceso de transformación interior con conciencia. Esta expansión, que se siente y se comprende con el corazón, hace que se vivan con paz y alivio los procesos de cambio constante que transitamos. Este mismo matiz consciente es el que recibe y manifiesta la sanación dentro del cuerpo, hasta llegar a la raíz de los problemas físicos, emocionales y mentales.
Abren estas funciones vitales, a la vez que facilitan direccionar la acción.
Las rosas dan un empujoncito en el centro cardíaco, para subir un peldaño en la escalera evolutiva y así percibir la espiral del cambio. Crean estados esenciales en el corazón que ayudan a pulsar la autosatisfacción con el cuidado que alimenta. Desde estos estados esenciales ubican las defensas y las respuestas del cuerpo en lo más auténtico, verdadero, vivo, vital, como el alimento y la auténtica satisfacción.
A medida que el tratamiento con las esencias florales de rosas avanza, se va llegando, capa por capa, como en una cebolla, al núcleo de lo esencial, donde está guardado el amor de pertenecer y participar.
Por todo esto, las funciones y acciones que se crean desde el corazón dan una salida de la reiteración para aflojar las barreras y las máscaras desde un encuentro esencial con el pulso presente de la vida.
Se posibilita que, en el camino de apostar al amor, las máscaras con las defensas que antes las cuidaban y aislaban se encuentren con un empujón vital para salir de la impotencia y de la omnipotencia.
Son nuestros "terapeutas internos". Las rosas son como terapeutas internosque facilitan pertenecer y participar del mapa de la vitalidad.
Centran en el ritmo, en el espacio, en el territorio propio, en el cuerpo, como un espacio que se habita para expandir desde un centro hacia un “más allá de mí”.
Un “más allá de mi” que puede reconocer a “ la Vida ” como parte de “mi” vida, para situarse en el canal donde es posible hallar la fe y la protección necesaria para sintonizar y sincronizar con un equilibrio mayor.
“Las rosas son protectoras y abridoras”, me decía una persona en una meditación guiada. La Rosa Blanca Nª 7 “Contacto” y la Rosa Blanca N*8 “Alegría” le dieron el sostén que necesitaba despedir a su padre fallecido. En este caso, las dos rosas blancas, al sellar la conexión tierra-cielo, brindaron alivio, al registrar la posibilidad de sentir la pertenencia universal.
Estas rosas blancas, son las que sellan la pertenencia a la vida y dan un marco universal para poder ser como un árbol, bien afirmado con las raíces en la tierra y en su follaje abrir la mente como antenas al cielo.
Así una vez creado, ese espacio consciente en el cuerpo de pertenencia universal con la ayuda de las dos rosas blancas, fue posible recibir apoyo del “amor mayor” e iniciar el proceso de duelo.
Las rosas pueden abrir este espacio para sentir la protección y la fuerza de estar en el canal adecuado para trascender, subiendo de nivel para integrar la limitación.
Lo nuevo aparece cuando se me escapa de las manos lo conocido, porque al elevar desde el corazón la propia energía tengo soltura, poder y alegría de ser yo misma. ( Gracias Patri)
Con cada una de las rosas van abriendo, paso a paso, en el proceso de cambio, funciones naturales, para estar activos decidiendo desde el centro transformador y creador (Rosas del Nª 1 al Nª 8).
Entonces la mirada se eleva hacia un punto más vasto y percibe la posibilidad de un nuevo desarrollo que conlleva un grado de aceptación y de esperanza en encontrar una nueva resolución. (Rosa Nª 9).
Las acciones que surgen son las que están ligadas a la vida y sirven para desintoxicar, limpiar, sanar y curar. Los vínculos nacidos de esta nueva forma de accionar responderán necesariamente a nuevos patrones de satisfacción, más cuidadosos de sí y del otro ( Rosas del Nª 10 al Nª 15).
La experiencia del pasado va trasmutando a medida que se avanza en la terapia con rosas, y puede pasar de ser un bloqueo, a ser un capital nuevo, en la medida que se aprende y se comprende. Entonces el viejo pasado puede convertirse en fruto de la experiencia y ser capitalizado como una herramienta para el cambio y la expansión.
Este crecimiento es similar al de una semilla que va sacando su potencial esencial mientras la planta crece. A medida que se avanza en el proceso de la terapia con rosas, se puede ver la espiral de la evolución de la persona donde surge claramente ese don personal y esencial que dará la nota distintiva y definirá la realización.
Espiral, sello o formato de la rosa que desarrolla, de escalón en escalón, la misión esencial que cada uno trae.
Extraído del Libro: "Rosas, terapeútica del Corazón" de Estela Rita Lerner