La importancia de estar "bien vestidas" Primitivamente la vestimenta surgió como una necesidad. Para cubrirse el cuerpo desnudo y para sobrevivir del frío del invierno. Luego el hombre, al vivir en comunidad, le dio un nuevo significado al acto de vestirse. Primero, surgió como un objeto funcional y luego, adquirió un gran valor comunicativo. Por ejemplo, usar las pieles del animal cazado. El lenguaje del vestido sirve para identificar, transmitir posiciones ideológicas según el contexto donde me encuentro, y también para provocar. Por ejemplo, tribus urbanas; eligen una imagen diferente que el resto de la sociedad. Antiguamente la imagen del individuo no era valorado en su justa medida. La conciencia de ser individuos con un destino particular, la voluntad de expresar una identidad singular, han sido el motor mismo de la mutabilidad de la moda. Fue precisa una revolución en la imagen de las personas y en la propia conciencia, y de los valores tradicionales. La exigencia de ser uno mismo favoreció la iniciativa y la innovación, estimuló la imaginación y la expresión de los gustos personales, la búsqueda de novedades, de diferencias y originalidad. Lo que hasta entonces había inspirado miedo y desconfianza, llegó a ser un valor social. Antes se pensaba que “lo que cambia pierde su valor”. Se salió, aunque parcialmente, del sistema tradicional. Fue necesario y que se deseara “lo moderno”, valorar más el presente que el pasado. El aumento de poder económico produce un deseo de reconocimiento social, de diferenciación. O sea, las variaciones de la moda surgen de las rivalidades de clase. La moda no es únicamente signo de distinción social, es también placer de la vista y de la diferencia. Traduce amor apasionado por la felicidad y la vida. La moda surgió como una práctica de placeres; placer de complacer, de sorprender, de deslumbrar, placer por el estímulo de cambio. Tras un nuevo sentido de la duración humana y la conciencia del inminente fin, favoreció la búsqueda acelerada de placer. Trajo transformaciones en la relación entre sexos y en las relaciones de seducción. Los objetos de la moda ya no son de tipo utilitario, sino lúdico. Para que despierten el deseo tiene que jugar entre la insinuación y la adivinanza. Se trata de un juego ofrecido a una mirada que vuelve mágico el objeto observado. A través de los años, las mujeres fueron rompiendo barreras que les permitieron tener más libertades. Actualmente pueden expresarse de muchas maneras; tienen más opciones para ser originales e independientes a la hora de jugar el juego de la vida. Socialmente tienen más permisos, no hay castigos severos como antes. Yo les propongo, desde mi humilde lugar, disfrutar de lo que tenemos. Divertirnos más con las prendas y todos los accesorios que nos ofrece el mercado tan competitivo. No vestirnos únicamente para taparnos. Utilizar las herramientas que nos da la moda para lograr nuestros objetivos de juego y disfrute. La sensación de ocuparnos de nuestra estética nos hace vibrar más en positivo. Esta idea no es para ser aceptada por la sociedad, sino para sentirnos mejor con nosotras mismas. Disfrutar de lo que somos. BIBLIOGRAFIA Lipovetsky, El imperio de lo efímero. U. Eco, Psicología del vestire. Baillard, El erotismo. LAURA G. PIRES Diseñadora de indumentaria E-mail: laurapires@fibertel.com.ar

por Miriam Pescara